“Evangelio

27 Julio, 2016 – Espiritualidad digital

Comerciantes, sí. Ladrones… mejor no

tesoro escondido    «Rezo, asisto a misa, y procuro hacer el bien, pero lo hago por lo mucho que a mí me aporta, no por puro amor a Dios. ¡Soy tan egoísta!»

    ¡Así empezó Lutero! Y concluyó diciendo que el hombre peca incluso cuando realiza las obras más santas, porque siempre se busca a sí mismo. El demonio –«el acusador»– también habla así. Veamos cómo habla el Señor:

    El reino de los cielos se parece a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. Compara Jesús al cristiano con un comerciante. Y, al fin y al cabo, el comerciante busca su beneficio. ¿Te vas a sentir mal tú cuando te veas buscando el bien de tu alma?

    Cosa distinta sería si quisieras robar la perla, obtenerla sin vender nada. Porque hay quienes quieren disfrutar de la oración y la protección de Dios, pero no están dispuestos a dar la vida, ni a obedecer, ni a salir de su capilla para acercarse a los pecadores, ni, desde luego, a subir a la Cruz. No hace falta ningún Lutero para juzgar a ésos. Su propia piedad de bisutería los delata.

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