Liber Gomorrhianus

26 Julio, 2016 – Espiritualidad digital

¡Dichosos ellos!

Santos Joaquín y Ana    Si Joaquín y Ana hubieran vivido en estos tiempos tan extraños, habrían gozado mucho más de la presencia del Señor. Porque, hoy día, son los abuelos quienes cuidan de los niños mientras los padres andan tan ocupados. Y aunque hubieran estado sometidos al «estrés de los abuelos modernos», no creo que el niño Jesús les hubiera sobresaltado en exceso. Pero Joaquín y Ana no nacieron hoy, y no creo que vieran mucho a Jesús. El Salvador nació lejos de su casa, y pasó siete años en Egipto, sin Skype para comunicarse con los abuelos.

    Sin embargo, Joaquín y Ana vieron lo que nadie ha visto: la infancia de María, su rostro de niña iluminado cuando rezaba, sus primeras lágrimas, su sonrisa infantil… Y oyeron lo que nadie ha oído: las primeras palabras de la Virgen, sus primeras oraciones, los primeros cantos que salieron de su boca…

    Muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Ellos son, además de padres, los primeros devotos de la Virgen, y de sus labios brotaron las primeras letanías: «¡Qué guapa! ¡Qué rica! ¡Qué monada!»… Eso, pero en arameo. ¡Dichosos ellos!

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