Evangelio 2018

10 julio, 2016 – Espiritualidad digital

La humildad del buen samaritano

buen samaritano    No se habla mucho de la humildad del buen samaritano, pero valdría la pena prestarle atención.

    Porque este hombre no solucionó la vida del apaleado. Podría haber suspendido su viaje, haberse llevado al herido a casa, haber llamado a un médico y haberle dado de comer, haberle restituido cuanto le robaron y, sólo entonces, haberle dejado marchar. Pero, si hubiera hecho eso… ¿cuántos deberes habría dejado de atender? Comenzando por su viaje, y siguiendo por su familia, su vida habría quedado rota. ¿No se habrían quejado los suyos de que los desatendía para atender a extraños?

    La grandeza de este hombre, además de en su caridad, reside en su humildad. Conocía sus límites, sabía que no podemos solucionar la vida de nadie, que no somos Dios… Pero hizo lo que pudo. Vendó las heridas del enfermo, lo dejó en una posada y dio dinero al posadero para que lo cuidase. Después, continuó su vida y retomó su viaje.

    ¿Me creerás si te digo que una falsa caridad puede conducir a la soberbia, y que la pretensión de solucionar todos los problemas de todo el mundo puede llevar a un hombre a creerse Dios?

    La verdadera caridad es humilde y obediente.

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