Liber Gomorrhianus

4 Julio, 2016 – Espiritualidad digital

¡La cabeza!

cabeza    Cuando los sacerdotes recibimos el sacramento del Orden, el obispo impuso su mano sobre nuestras cabezas. A través de ese gesto, el Espíritu Santo nos asoció para siempre al sacerdocio de Cristo.

    En la cabeza residen el pensamiento, los ojos, los oídos y los labios. Las manos del obispo, a través de ese sagrado contacto, piden a Dios que pensemos, miremos, escuchemos y hablemos como Cristo.

    Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza y vivirá. Así lo creía el padre de esta niña. Pero Jesús cogió a la niña de la mano. Y es que la cabeza de los niños está muy bien. Si todos tuviéramos su pureza de pensamiento, si mirásemos el mundo con sus ojos, si escuchásemos con la atención de los niños y hablásemos con su sencillez, estaríamos más cerca de Dios. Lo único que esa niña necesitaba era levantarse; y, para levantarse, basta con que Dios le tome de la mano.

    No obstante, la oración del padre es muy buena. Porque, a la hora de rezar por algunas personas, no hay mejor plegaria que ésa: ponle la mano en la cabeza… ¡A ver si se le aclaran las ideas!

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