Liber Gomorrhianus

3 Julio, 2016 – Espiritualidad digital

La astucia de los demonios, y la alegría de los sencillos

expulsar demonios    Cuando los setenta y dos enviados por Jesús vuelven a su lado, llegan rebosantes de euforia: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.

    ¿Pensáis que se trataba de la verdadera alegría, de la que da el Señor a sus elegidos? No os equivoquéis. Tras esa alegría –y hablamos de hombres que acababan de expulsar demonios– estaba la huella del primer pecado: Seréis como dioses (Gn 3, 5). Al ver que los espíritus malignos se les sometían, se sintieron poderosos. Paradójicamente, el demonio, sometiéndose a ellos, les había vencido. Ahora eran ellos quienes se sometían a él y se embriagaban de poder.

    Jesús, dulcemente, les advierte: No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. No te alegres porque te sientas grande. Alégrate porque a ti, siendo pequeño y miserable, Dios te ha elegido. Tan ciego estás que no te has percatado de que los demonios no se someten a ti, sino a Él. Sobre todo, y si quieres que esa alegría dure siempre, alégrate de someterte tú a Cristo. Y no como los demonios, que se someten con temblor. Alégrate si te sometes como María, con amor.

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