Liber Gomorrhianus

27 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

Los peligros del entusiasmo

entusiasmo    Es comprensible, pero temerario: Maestro, te seguiré adonde vayas. Se lo dice a Jesús un escriba entusiasmado. Pero el entusiasmo no basta.

    El entusiasmo enciende el corazón, pero altera el espíritu. Te vuelve soberbio sin que lo notes, porque te eleva a la altura de tus deseos… Y no siempre lo estás. Si todo lo que deseas es zamparte un helado y echarte la siesta, entusiasmarte no conlleva riesgos. Pero si deseas seguir a Jesús adonde vaya… Después del primer golpe de entusiasmo, te conviene ser humilde.

    El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza, hasta que la recline en una cruz. ¿De verdad crees que podrás seguirle hasta el Calvario? Mira que Pedro dijo lo mismo que tú, y Jesús le respondió: Adonde yo voy tú no puedes seguirme (Jn 13, 36).

    Cuando se trata de Cristo, la fidelidad no debe prometerse, sino pedirse. «Señor, ahora te he conocido, y ya no quisiera vivir sin ti. Concédeme la gracia de seguirte a donde vayas. Y, si vas a la Cruz, átame a Ti, porque soy cobarde».

    Si puedes decir eso, y no perder el entusiasmo, ya estás recorriendo el camino por el que han pisado los santos.

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