Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

12 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

Antes leproso, y ciego después

simón el leproso    El Simón que invitó a Jesús a comer probablemente sea el mismo Simón el leproso de quien hablan Mateo (Mt 26, 6) y Marcos (Mc 14, 3). En ese caso, habría que concluir que este fariseo había estado enfermo de lepra, y había sido curado por Jesús.

    Eso hace más sorprendente su reacción ante las atenciones de una pecadora con Jesús: Si éste fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo está tocando. Y es que los judíos creían que el pecado era transmitido a través del contacto físico. Aquel a quien tocaba un pecador quedaba contaminado. Pero también caía en impureza quien era tocado por un leproso. ¿No tocaste a Jesús cuando eras impuro, Simón? Y ¿No quedaste curado?

    Hipócrita. Ciertamente Jesús, al ser tocado por nosotros, se contagió de nuestras culpas y fue maldito en un Madero. Pero, al tocarle nosotros a Él, nos contagiamos de su limpieza y fuimos santificados.

    ¿No tienes bastante con haber sido curado de la lepra, que también has querido enfermar de ceguera? En lugar de juzgar al prójimo, y a Dios, agradece tu sanación y busca la de tus hermanos. De otra forma, la misericordia de Dios se habrá desperdiciado contigo.

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