Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

11 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

Los del pelo teñido

pelo    En dos situaciones se siente el hombre movido a jurar: cuando un superior le pide que diga la verdad en presencia de Dios, y cuando uno mismo, movido por deseo de ser creído, llama a Dios para que testimonie la veracidad de sus palabras. En el primer caso –que puede darse en un juicio o en la asunción de una responsabilidad pública– el hombre debe hablar con santo temor de ofender a Dios. En el segundo, el hombre que invoca a Dios como testigo de sus palabras es un arrogante. Soy yo quien debo dar testimonio de Dios, y no al revés. A vosotros os basta decir «sí» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

    El colmo de la arrogancia es jurar por algo, haciendo a Dios partícipe de una ordalía. «¡Que Dios me deje ciego si miento!»… Mejor debería dejarte mudo para que no dijeras estupideces.

    Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. Pero, claro, como te lo tiñes, ya te crees con derecho. Entonces tiembla, porque tus palabras son como el tinte de tu pelo: bajo tus mentiras están tus canas. No emplees a Dios como cosmético.

(TOP10S)