Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

10 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

Dime lo que deseas…

deseos    No es necesario cometer realmente un pecado para pecar. El que mira a una mujer casada deseándola, ya adulteró con ella en su corazón. Y es que es allí, en el corazón del hombre, donde se comete el pecado y donde se ofende a Dios. Si, después, la mala acción llega a cometerse, el daño será mayor. Pero el pecado, una vez concebido en el alma, ya abre las puertas del corazón a los demonios.

    También podríamos considerar la otra cara de la moneda. Quien desea ser santo, y entregar su vida por completo a Cristo, ya agrada a Dios como si lo hubiera hecho. No hablo de un «me gustaría…», ni de un «quisiera…», sino de un deseo ardiente: «¡Quiero!». Cuando ese gran deseo se concibe en el corazón, debe sobreponerse a cualquier otro, hasta invadir por completo el alma, que ya sólo anhela una cosa: agradar a Dios.

    Y es que hay dos formas de acabar con los malos deseos: o la emprendes a golpes con ellos y te vuelves loco en el intento, o fomentas, mediante la oración, el nacimiento de deseos nobles que llenen el alma de luz y expulsen las tinieblas. Es mucho mejor esto.

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