Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

7 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

¿Quién salará la sal?

sal    No se puede echar sal a la sal. Un alimento insípido puede sazonarse y adquirir sabor, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

    Es mucho más fácil convertir a un pagano y enamorarlo de Cristo que recuperar a un cristiano que ayer fue fervoroso y, con el tiempo, se ha instalado en la tibieza. Porque el pagano, a quien nunca nadie habló del cielo, y que nunca conoció el Amor, cuando ve abiertas ante él las puertas de la vida, se enciende por dentro, y con gusto abandona cuanto tiene para alcanzar la felicidad recién descubierta. Sin embargo, cuando a un cristiano aburguesado y tibio le hablan del cielo y le anuncian el Amor, bosteza. «Vale, vale –parece decir–. Eso ya lo he oído. Ya hice ejercicios espirituales de joven, y me ilusioné, y me enamoré, y hasta quise entregarme por completo… Pero no funcionó. Mire dónde estoy ahora: bostezando en el banco de la Iglesia mientras usted me grita. Hable más bajo, por favor».

    Son muy difíciles de recuperar para la fe quienes un día conocieron el Amor y, por negarse a entregarlo todo, lo perdieron. No se puede echar sal a la sal.

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