Evangelio 2018

6 junio, 2016 – Espiritualidad digital

Cuando Dios nos lleva la contraria

dichosos los pobres    El desconcierto causado entre muchos judíos por la venida del Hijo de Dios al mundo tiene su principal motivo en las bienaventuranzas. Los fariseos y escribas esperaban la llegada del Mesías, y, con él, la de un reino que pusiera fin a las penurias del pueblo elegido y lo elevase por encima de toda las naciones. De algún modo, aguardaban al rey que proclamase: «¡Se acabaron los pobres, se acabó el llanto, no volveréis a sufrir! ¡Muerte a los enemigos de Israel!»

    De repente, un rabí se sienta en lo alto de un monte, y, en lugar de pronunciar ese discurso, abre los labios y profiere palabras que caen como un jarro de agua fría sobre las expectativas de aquellos hombres: Dichosos los pobres, dichosos los que lloran, dichosos los mansos, dichosos los misericordiosos

    En ocasiones, Dios nos hace descubrir que lo que Él quiere es, exactamente, lo contrario de lo que nosotros le pedimos y de lo que esperamos de Él. Y, en ese momento, si no somos capaces de cambiar nuestros deseos para acomodarlos a su Voluntad, acabaremos haciendo lo contrario: mataremos a Dios, y lo reemplazaremos con el ídolo que nos dé la razón. ¡Ay de nosotros!

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