Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

4 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

La transparencia del corazón limpio

corazón inmaculado    Jesús alabó a los limpios de corazón (Mt 5, 8), y les prometió que verían a Dios. Así entendemos que la suciedad del corazón no es sino ceguera para lo sobrenatural.

    Ensucian el corazón el egoísmo y la lujuria, la envidia, el rencor y la soberbia. En resumen, el corazón se ensucia cuando el «yo», en lugar de permanecer detrás, como quien mira a través de un cristal, se sitúa delante y se convierte en objeto de la mirada. Quien tiene el corazón sucio ríe y llora para sí mismo.

    Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Un corazón inmaculado es transparencia abierta a Dios. La angustia de la Virgen es preludio de la angustia de Cristo en Getsemaní; sufre porque el Amado oculta su rostro. Sus lágrimas son las de Dios.

    Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y no había sitio para más. Sólo para lo que Dios le mostraba en la oración y en los acontecimientos de la vida. Ese corazón es un odre lleno de agua pura.

    Por eso María ve a Dios en Belén, lo ve en la Cruz, y lo contempla para siempre en el cielo. Es la dicha de los corazones limpios.

(ICM)