Liber Gomorrhianus

1 Junio, 2016 – Espiritualidad digital

La cuerda

cuerda    Quien escala un risco sirviéndose de una cuerda, una vez alcanzada la cima, ya no precisa de la cuerda. Sin embargo, no la tira. La recoge con cuidado y la conserva, porque le ha sido de gran ayuda. De no haber sido por ella, jamás habría llegado hasta su meta.

    Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. El amor santo entre un hombre y una mujer es consagrado por Dios en esta tierra con el vínculo del matrimonio. Gracias a ese sacramento, marido y mujer se ayudan mutuamente a llegar al cielo. El cariño mutuo, y también el de los hijos, son asideros muy valiosos para alcanzar la gloria y ascender por los riscos escarpados de esta vida. Los ojos del ser amado son ventanas a través de los cuales se divisa, desde la tierra, la belleza del cielo.

    Cuando, al fin, alcancéis la cima, los casados ya no precisaréis del matrimonio, que habrá cumplido su misión. Pero –no lo dudéis– os seguiréis amando, con un amor transfigurado y eterno que será participación de la visión beatífica.

    Claro que eso sólo será así si habéis cuidado bien vuestro amor en esta vida.

(TOP09X)