Evangelio 2018

25 mayo, 2016 – Espiritualidad digital

Motivos para correr

prisa    Un niño que se dirige con su padre a una tienda para recoger un juguete camina deprisa. Lo mismo le sucedió a papá cuando acertó aquella quiniela y se dirigía a recoger el premio. Cuando la dicha espera, todos tenemos prisa por llegar.

    Lo que cuesta más trabajo entender son las prisas cuando se trata de padecer. Iban camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados. ¡Como para no asustarse! Sabían lo que les esperaba allí. Lo lógico hubiera sido correr en sentido contrario. ¿Por qué tanta prisa? ¿Acaso aquel hombre tenía tantos deseos de morir?

    No. No los tenía. Y, en Getsemaní, se entregaría después de haber sudado sangre. Sus deseos no eran de morir, sino de dar la vida, de amar, de redimir, de rescatar…

    También una madre corre al hospital si sabe que su pequeño está herido. Tiene prisa por amar, por acompañar, por consolar. Ya no le importa su vida.

    Si de verdad amas, entenderás las prisas de Jesús, y tú mismo te apresurarás a entregarlo todo. En cuanto al susto, ése no te lo va a quitar nadie. Tendrás que cargar con él mientras corres.

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