Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

14 Mayo, 2016 – Espiritualidad digital

Apóstol… Amigo…

amigo    Pensamos en el apóstol como en un héroe, un gigante, un paladín de la fe capaz de las mayores proezas por extender el reino de Dios… Y hacemos mal, porque, así, alejamos al apóstol de nosotros, y, secretamente, nos sentimos dispensados de tan excelsa llamada.

    Ni la grandeza ni el valor definen al apóstol. El apóstol es, esencialmente, un amigo. A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Por muy valiente y aguerrido que seas, por grandes que sean tus ansias de expender el reino de Dios, si no eres amigo de Cristo, no tienes nada que anunciar; si no conoces la intimidad del Señor, podrás ser un estupendo comercial de alguna marca de prestigio, pero jamás serás apóstol.

    Del Paráclito dice la Escritura que, entrando en las almas santas, hace amigos de Dios y profetas (Sb 7, 22). Y es que el Espíritu Santo es la intimidad de Cristo, revelada a los suyos. En eso consiste el don de sabiduría.

    No hace falta que seas grande, ni valiente. Pide al Paráclito ese don, y serás amigo de Cristo. Entonces ya no podrás callar. Y serás apóstol.

(1405)