Liber Gomorrhianus

7 Mayo, 2016 – Espiritualidad digital

Un cheque en blanco

cheque   La semana pasada escuchábamos: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseéis, y lo obtendréis (Jn 15, 7). Hace cuatro días nos anunciaba el Señor: Lo que pidáis al Padre en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13). Y hoy: Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.

   Jesús entrega un cheque en blanco al creyente, y le asegura que obtendrá cuanto pida en su oración.

   Para comprender estas palabras, es preciso que tengamos en cuenta que van dirigidas a aquéllos que creen en Él y permanecen en Él. Cuando un cristiano se encuentra unido a Cristo por la gracia, ya no es él quien pide, sino el Espíritu Santo que en él habita. Y el Espíritu pide siempre según Dios. Si es el Espíritu quien pide en nosotros, sabemos que pedimos lo que es bueno. «Y, si pedimos lo que Dios ya quiere –podríais objetar–, ¿qué sentido tiene nuestra oración?» Por la oración, Dios nos hace partícipes de su labor redentora. Para realizar lo que es bueno, Él cuenta con nuestras súplicas, y nos envía al Espíritu para que ore en nosotros. Semejante oración nos convierte en corredentores.

(TP06S)