Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

26 Abril, 2016 – Espiritualidad digital

Saleros

saleros   Sé que ayer hablé de lo mismo, pero quisiera repetirme mucho: Le pido a Dios que las parroquias seamos saleros, y seáis vosotros sal.

   Lo dice el Señor: Vosotros sois la sal de la tierra.

   Por eso, quisiera que aquí, en la iglesia, el agua de los pecados fuera evaporada al sol de la divina misericordia, y quedara tan sólo en las almas la sal que es esa chispa de vida divina que Dios derrama en vuestros corazones.

   También quisiera que, como un salero, la parroquia os derramase sobre el mundo. No os enfadéis si los sacerdotes os agitamos un poco; es necesario para que salgáis de aquí encendidos, como la sal. Cuando me dicen de un sacerdote: «éste echa a la gente de la iglesia», pienso que hace muy bien, con tal de que los eche con algo bueno dentro, algo que pique y queme un poco.

   Y me gustaría que, como sale la sal del salero, salierais vosotros del templo por agujeros pequeñitos, de modo que no haya riesgo de que os vayáis juntos a ver el partido de fútbol y a celebrar los goles con jaculatorias. Porque un puñado de sal sin esparcir hace nauseabundo cualquier manjar.

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