Liber Gomorrhianus

20 Abril, 2016 – Espiritualidad digital

Las palabras huelen

palabras   En el mucho hablar no falta pecado… Y, en ocasiones, callar pudiera ser cobardía. Lo sensato es vivir escuchando, mantenerse recogido en Dios y atender a su voz, que nos guía desde lo profundo del alma. Después, procurar que cuanto brote de nuestros labios proceda de lo que hemos escuchado en nuestro interior. Es la mejor forma de no decir tonterías, y de entregar palabras que guíen y conforten.

   Lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre. Si quieres conocer la bondad o maldad de tus palabras no te fijes tanto en lo que dices como en la fuente de donde procede. Porque, en ocasiones, hablas movido por lo más bajo que hay en ti: la ira, el resentimiento, la soberbia, tu propio interés… En esos casos, aún cuando tus palabras sean verdad, están perfumadas de estiércol, y hacen daño a quien las escucha. Más te valdría callar y escuchar a Dios, en lugar de escuchar a tus instintos y dejar que dominen tus labios.

   Otras veces, hablas movido por Dios, y tartamudeas. No sabes explicarte, te sientes ridículo… No te preocupes. Es el perfume de tus palabras es que habla por ellas. Huelen a cielo.

(TP04X)