Liber Gomorrhianus

13 Abril, 2016 – Espiritualidad digital

Comulgar es morir para vivir

comulgar   En todo lo relativo a la Eucaristía, los sentidos desvelan y a la vez confunden. Desvelan, porque muestran los signos que llevan al alma a realidades eternas; confunden, porque si el alma no cruza esa puerta y se queda en el signo, lo sensible se convierte en una trampa.

   Yo soy el Pan de la vida. Lo que captan los ojos ante la sagrada Hostia tiene toda la apariencia de pan. Pero el pan lo comemos, y en poco tiempo lo hemos asimilado para hacerlo parte de nuestro cuerpo. Sin embargo…

   … Todo el que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera. Ahora es preciso cruzar la puerta del signo, e ir más allá de lo sensible; el sentido debe dejar paso a la fe. Porque, cuando comulgamos, más que recibirlo nosotros a Él, es Él quien nos recibe, y es su Cuerpo el que devora el nuestro, convirtiendo nuestros miembros mortales en «Corpus Christi». Mi carne y mi sangre, de algún modo, se vuelven suyas cada vez que, con fe, consumo el Pan de vida. Por eso debería darme cuenta, después de comulgar, de que ya no me pertenezco.

(TP03X)