Evangelio 2018

9 abril, 2016 – Espiritualidad digital

La barca y la orilla

orilla   El momento en que Jesús se muestra a sus apóstoles caminando sobre las aguas es narrado por los cuatro evangelistas. Pero sólo san Juan nos desvela un detalle sumamente evocador, que recuerda al dulce suéltame de Cristo resucitado a la Magdalena: Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

   El sitio a donde iban es el mismo sitio donde encontraron a Jesús después de su resurrección, y donde comieron con él. Es la orilla definitiva, la playa de la eternidad.

   Mientras, a duras penas, intentamos alcanzar ese destino, Jesús se nos presenta caminando sobre el lago, vencedor de las tormentas que amenazan con hundirnos en la muerte, y nos dice, sereno: Soy yo, no temáis. Quisiéramos, como la Magdalena, abrazarlo y retenerlo entre nosotros. Pero, una y otra vez, se nos escapa, y es preciso perseguirlo de nuevo. Soñamos con el día en que lo hayamos subido a nuestra barca para siempre… Sin embargo, cuando queramos darnos cuenta, y antes de haberlo atrapado, la travesía habrá llegado a su fin, y estaremos sentados a su mesa. Nosotros queríamos subirlo a nuestra barca, y fue Él quien nos subió a su orilla.

(TP02S)