Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

8 Abril, 2016 – Espiritualidad digital

Dios trae Cielo, pero los hombres quieren tierra

enfermos   Antes de narrar la multiplicación de los panes y los peces, seguida del discurso del pan de vida, san Juan nos proporciona una clave necesaria: Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Esta frase debe escucharse sobre el eco de las palabras de Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

   Dios envió a su Hijo para abrir a los hombres las puertas del Cielo. Si obró curaciones no fue porque su misión consistiera en aliviar los dolores de la vida temporal; en ese caso, habría curado a todos los enfermos de la Tierra, en lugar de morir Él en una cruz, acosado por terribles dolores. Los milagros que salieron de sus manos fueron signos que acreditaban su divinidad para que los hombres creyeran en Él y con Él se encaminaran al Cielo.

   En lugar de eso, los hombres, ebrios de egoísmo, se agruparon en torno al milagro y despreciaron la eternidad. «¡Cúranos a los enfermos, y vete al Cielo tú solito!»… La cruz del mal ladrón está superpoblada.

   ¡Pobre Jesús!

(TP02V)