“Evangelio

Abril 2016 – Espiritualidad digital

Ni el mundo, ni el demonio, ni la carne

enemigos   Según el Concilio de Trento, tres son los enemigos del cristiano: el mundo, el demonio y la carne. ¿Cuál es peor? Yo creo que el peor enemigo es el propio cristiano. Más que al mundo, al demonio o a la carne debo temerme a mí mismo, a ese acto de libertad por el que pierdo la propia libertad y rindo mi alma a quien me la quiere robar.

   Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. El mundo odia a Cristo porque Cristo le roba las almas. No sois del mundo. Y el mundo odia al cristiano, porque el cristiano no se somete a los dictados del mundo ni busca el aplauso del mundo, sino que se somete a la Ley de Dios y busca agradar a Dios.

   Nosotros no odiamos al mundo, sino que lo amamos. Por eso queremos anunciar al mundo la verdad y transformar el mundo para llevarlo a Dios. Semejante tarea sólo puede realizarse desde la Cruz. Por eso, si el mundo nos aplaudiese, deberíamos sospechar que hemos bajado de la Cruz y le hemos entregado el alma. La culpa, entonces, no sería del mundo; sería sólo nuestra.

(TP05S)

Secretos para enamorados

secretos   Repasa la vida de Cristo, y dime cuántas personas se acercaron a Él deseando conocerlo. Miles se aproximaron a Él, pero todos querían algo, y ese algo no era Él, sino las gracias que se derramaban a su paso: curación de enfermos, expulsión de demonios, milagros, discursos y denuncias… ¿Cuántos le preguntaron a Jesús por su misterio? Quizá uno, el discípulo amado: Maestro, ¿dónde vives? (Jn 1, 38).

   Nadie conoce al Hijo, sino el Padre. No es un veto, sino la constatación de un fracaso: nadie había intentado conocerlo. Y nadie se ha sentido jamás tan solo como Él.

   A lo largo de estos dos mil años, los hombres hemos reparado, en parte, esta ofensa. Los santos han sido personas enamoradas de Cristo, que han querido saberlo todo sobre Él. Y Jesús se ha entregado a ellos, les ha revelado su interior, y les ha mostrado el rostro de su Padre. Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Celebramos a hoy a santa Catalina, quien conoció los secretos del Hijo de Dios, porque lo amó.

   Esos secretos serán también tuyos, si amas a Jesús como lo han amado los santos.

(2904)

Y Dios por recompensa

recompensa   Respecto a la Ley de Moisés estaba escrito: Guarda los preceptos y mandatos que yo te prescribo hoy, para que te vaya bien (Dt 4, 40). La obediencia, por tanto, tenía un motivo egoísta: si quebrantas la Ley, morirás; si la cumples, vivirás largos años, poseerás abundancia de bienes, y tu descendencia será fecunda sobre la tierra.

   No nos llamemos a escándalo. Así tratan los padres a sus hijos pequeños: «Haz tu cama, y podrás divertirte con tus juguetes»…

   Los niños crecen, y entonces deben apreciar por sí mismos el resplandor del bien. Ya no se les ofrecen regalos, sino que se los invita a distinguir por sí mismos lo bueno de lo malo y a elegir. Si aprenden a amar, descubren que no hay mayor gozo que entregar la vida sin pedir nada a cambio.

   Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. He ahí la recompensa prometida al cristiano: no se nos ofrece una vida próspera. Se nos anuncian persecuciones y una parte en la Cruz del Señor. Pero, al guardar en el corazón los mandamientos de Cristo, vivimos en un abrazo eterno, consumidos en el Amor más grande, y hemos descubierto que sí, que vale la pena.

(TP05J)

Como la rama tronchada de un árbol

rama   Decidme si la vida del hombre no es la de una rama desgajada de un árbol. Cuando acaba de ser tronchada, la miras y aún conserva en las hojas su verdor. Así es el hombre cuando nace, y mientras dura su juventud; cualquiera diría que puede vivir para siempre.

   Pasan los meses, y la rama pierde el color de sus hojas. Después, las mismas hojas desaparecen. Y, al cabo del tiempo, es un leño seco que se quiebra. Así es el hombre, conforme pasan los años: pierde su juventud, desaparece la belleza de su cuerpo, se marchita, y después se deshace.

   Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca. Por el pecado fuimos desgajados de Dios, fuente de la vida. Y así, lejos de Él, nos marchitamos.

   El que permanece en mí, y yo en él, ése da fruto abundante. La gracia divina nos injerta de nuevo en Cristo, y trae vida eterna a nuestras almas. En cuanto a nuestros cuerpos, esa misma gracia los une a la Cruz, como se une el sarmiento a la vid. Morirán nuestros cuerpos la muerte de Cristo, y con Cristo, nuestra Vid, resucitarán a la vida.

(TP05X)

Saleros

saleros   Sé que ayer hablé de lo mismo, pero quisiera repetirme mucho: Le pido a Dios que las parroquias seamos saleros, y seáis vosotros sal.

   Lo dice el Señor: Vosotros sois la sal de la tierra.

   Por eso, quisiera que aquí, en la iglesia, el agua de los pecados fuera evaporada al sol de la divina misericordia, y quedara tan sólo en las almas la sal que es esa chispa de vida divina que Dios derrama en vuestros corazones.

   También quisiera que, como un salero, la parroquia os derramase sobre el mundo. No os enfadéis si los sacerdotes os agitamos un poco; es necesario para que salgáis de aquí encendidos, como la sal. Cuando me dicen de un sacerdote: «éste echa a la gente de la iglesia», pienso que hace muy bien, con tal de que los eche con algo bueno dentro, algo que pique y queme un poco.

   Y me gustaría que, como sale la sal del salero, salierais vosotros del templo por agujeros pequeñitos, de modo que no haya riesgo de que os vayáis juntos a ver el partido de fútbol y a celebrar los goles con jaculatorias. Porque un puñado de sal sin esparcir hace nauseabundo cualquier manjar.

(2604)

El suplicio imposible de los mártires de Ikea

ikea   Son palabras que deberían estar escritas sobre las puertas de las iglesias… pero por la parte de dentro. Así los fieles, al salir, no tendrían más remedio que tropezar con ellas: Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación.

   Algunos se extrañarían. Estaban tentados de poner un letrero distinto: «¿Por qué os vais? Quedaos aquí, no os marchéis; ahora mismo empieza una reunión de dos horas y media. Ahí fuera están contra nosotros; venid a resguardaros».

   ¡Pobres idiotas! Han olvidado que nuestra misión no consiste en llenar los templos, sino en conquistar la Tierra para Cristo. Y la Tierra, esa Tierra que vive sin Dios, está fuera de los templos. Allí debemos vivir, llevando en nuestras vidas la alegría de los hijos de Dios. ¿Cómo la contagiaremos a quienes no la conocen si no vivimos entre ellos? En cuanto a quienes «están contra nosotros»… ¡No hay miedo! ¡Que se lo lleven todo, hasta nuestras vidas! Ellas serán su rescate. Pero, si hay que morir mártir, mejor en la calle, y a pleno sol. No es muy épico que lo maten a uno en mitad de una reunión en los locales parroquiales, entre sillas de Ikea.

(2504)

La esencia del mandamiento nuevo

mandamiento nuevo   Cuando, antes de padecer, el Señor entrega a sus apóstoles un mandamiento nuevo, no está repitiendo el antiguo precepto amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 9, 18). Lo novedoso del precepto de Jesús reside en ese como yo os he amado que acompaña al viejo amaos entre vosotros.

   «¿Cómo nos has amado? Muéstranoslo, para que comprendamos la novedad de tus palabras». Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos (Jn 15, 13). La mirada al crucifijo es inexcusable. San Pablo lo expresará así: Me amó, y se entregó a sí mismo por mí (Ga 2, 20).

   Aunque Jesús sanó a algunos enfermos y alimentó a algunos hambrientos, ni sanó toda enfermedad ni llenó todos los estómagos. Sin embargo, entregó su vida en la Cruz para el perdón de todos los pecados. El Señor no ha resuelto todos los problemas de mi vida, ni ha aliviado todos mis dolores. Pero se ha entregado al Padre para que yo herede, junto a Él, la vida eterna.

   El modo nuevo de amar al prójimo consiste en ser santos, y entregar a Dios la vida por nuestros semejantes. He ahí la esencia del mandamiento nuevo.

(TPC05)

De las barbas del hipster al beso de Dios

hipster   Imagino la cara de los apóstoles ante estas palabras de Jesús: Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Los pobres se restregarían los ojos, mirarían a los lados, rebuscarían tras las cortinas… ¿Dónde está? ¿Por qué dices que lo hemos visto? Y, aunque aún no existía esa iconografía en la que Dios Padre es representado como un anciano de barba blanca, quizá buscarían una luz, o una nube dentro del cenáculo. A mí me mostraron hace unas semanas una representación moderna de la Trinidad en la que Dios Padre, manteniendo sus barbas de toda la vida, sin embargo había sido dibujado con rostro de joven. Parecía un hipster.

   Pero ni en este mundo ni en el otro, cuando nuestros cuerpos resuciten, veremos al Padre con los ojos del cuerpo. Al Hijo sí, porque el Hijo comparte nuestra carne y sangre, ya glorificadas. Pero el Padre es espíritu. Y lo vemos con la fe cuando miramos la sagrada Hostia, cuando leemos las Escrituras, cuando oramos en silencio… Está tras la sonrisa del Hijo y tras el beso del Espíritu. Él es quien sonríe en Uno y besa en el Otro.

(TP04S)

Huésped, guía, camino y meta

guía   Es fácil entender el volveré y os llevaré conmigo de Jesús como una alusión a su última venida. Es fácil entenderlo así, pero ya es mucho esperar. Además, no es así como debemos entenderlo; al menos, no es sólo así.

   Jesús de Nazaret, que fue vomitado de este mundo por la maldad de los hombres y recibido en el Cielo por su Padre, no ha cesado de volver a las almas de los suyos por su Espíritu. Cada vez que un niño es bautizado, y cada vez que un pecador confiesa sus culpas y recibe la absolución sacramental, Jesús vuelve a la tierra, entra en el alma de su elegido, y, desde dentro, muy dentro, guía a esa alma hacia el Cielo.

   La gracia de Dios es Cristo que te toma de la mano y te lleva con Él, siempre y cuando tú te dejes guiar y obedezcas las insinuaciones del Paráclito. A donde yo voy ya sabéis el camino… Yo soy el camino. El Espíritu te transforma en otro Cristo, en el mismo Cristo. Y así, aunque aún no hayas alcanzado la meta, ya estás en la meta, porque Él, que es el camino, es también la meta. Descansa…

(TP04V)

Ángeles con defectos, pero ángeles

angeles   Si Dios te escribiera una carta, poco te importaría el papel sobre el que estuviera escrita, o la belleza del sobre en el que está guardada. Besarías la carta y guardarías sus palabras.

   Si Dios te enviase a un ángel para manifestarte su voluntad, no creo que pusieras reparos al resplandor del espíritu que te habla, o que te fijases demasiado en el tono de su voz. Escucharías con atención, y te sentirías muy honrado por el hecho de que Dios hubiera enviado ese ángel a tu casa.

   El que recibe a mi enviado me recibe a mí. Cuando mires al Papa, a los obispos, a tu párroco o a tu confesor, recuerda que son enviados del propio Cristo para manifestarte su voluntad. No vayas a cometer el error –y el pecado– de juzgarlos, o de quedarte mirando sus defectos –todos los tenemos– como si ellos fueran algo por sí mismos. Vienen a ti en nombre de Dios, y eso es lo único que importa. Como los recibas y los escuches, así recibes y escuchas a Dios. Si, además de eso, quieres agradecerles el que hayan entregado su vida para cumplir esa misión en tu favor… No estará de más.

(TP04J)