Liber Gomorrhianus

31 Marzo, 2016 – Espiritualidad digital

Carne y huesos de un cuerpo glorioso

carne y huesos   Citábamos, hace pocos días, las palabras de san Pablo: La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1Co 15, 50). Pero esa afirmación no significa que no haya esperanza para nuestros pobres cuerpos. Significa que los vivos heredan el patrimonio de los muertos, y la carne no recibirá la gloria de Cristo hasta que no haya participado de su muerte.

   Un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. La carne y los huesos de Cristo glorioso son la mejor noticia para nuestra carne y nuestros huesos. También ellos, una vez resulten purificados, participarán de su gloria.

   Creían ver un fantasma. El cuerpo glorioso de Jesús no es reconocido a primera vista. Siendo el mismo, ha experimentado una transformación; ha pasado del tiempo a la eternidad cruzando la muerte. A veces he imaginado que Cristo se mostraba mayor, anciano… ¿Por qué no? Después de todo, había cruzado la Historia entera.

   Hasta que nuestra carne y nuestros huesos puedan abrazar los suyos, que la fe reconozca ese cuerpo en la Eucaristía, donde se halla verdaderamente. Y que no teman los sentidos adentrarse en una noche que –hoy lo sabemos– conduce a la luz eterna.

(TP01J)