Evangelio 2018

30 marzo, 2016 – Espiritualidad digital

Arde el corazón

Escrituras   Si las manos de María Magdalena no pudieron retener los pies de Jesús resucitado, los ojos de los discípulos apenas lograron atisbar su rostro durante un instante: Se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él despareció.

   Volvemos a tener constancia de que el encuentro con Cristo resucitado, aquí en la Tierra, no se producirá en el terreno de los sentidos. La carne y la sangre no pueden heredar el reino de los cielos (1Co 15, 50). Al menos, no antes de que pasen a través de la muerte.

   Tomó el pan, lo partió y se lo dio… ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

   Tanto en la Eucaristía como en la escucha de la Palabra, los sentidos son el camino por el que Cristo pasa al fondo del alma, dejando después la vereda sembrada de muerte. Ni la Eucaristía es dulce al paladar, ni las Escrituras son Hamlet. Pero, cuando, a través de ellas, Cristo llega al alma, despliega un torrente de luz tan resplandeciente y dulce que uno podría morir de gozo. Es tal la certeza que adquieres de que Cristo vive, que todo lo demás ya parece muerte.

(TP01X)