Evangelio 2018

15 marzo, 2016 – Espiritualidad digital

¡Qué extraño suicidio!

cueva   Cuando Jesús hablaba, transmitía algo más que fonemas. Sus palabras se entendían demasiado bien. Por eso, ante su frase donde yo voy no podéis venir vosotros, los judíos llegaron a una estrafalaria conclusión: ¿Será que va a suicidarse?

   Intuyeron que Jesús iba a adentrarse en la muerte como quien se interna en una oscura cueva donde nadie se atreve a entrar. Mientras hablaba, algo había en su forma de expresarse que hizo que aquellos hombres lo vieran a las puertas de la gruta, dispuesto a surcar ese abismo de tinieblas.

   Ellos, efectivamente, no podían seguirlo. Vivían, según dice la carta a los Hebreos, como quienes, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos (Hb 2, 15). Temblaban por dentro mientras escuchaban.

   Pero Jesús no iba a suicidarse. Iba a adentrarse, sí, en la muerte; ellos mismos lo empujarían, y Él, manso, se dejaría empujar. Pero, una vez dentro, dinamitaría el otro lado de la cueva, convirtiendo la Cruz en puerta de la eternidad. Tras él, miles de mártires se adentrarían en esa cueva gozosos, sabiendo que desfilaban hacia la Vida.

   ¿Y tú? ¿Podrás seguirle esta Semana Santa? ¿O también tendrás miedo a perderlo todo y ganarlo a Él?

(TC05M)