Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

5 Marzo, 2016 – Espiritualidad digital

Mística de vía rápida

via rapida   La parábola del fariseo y el publicano es una mina de sabiduría. Por ejemplo, te habrás fijado en que el fariseo no pide nada, ni para sí ni para los demás. Se limita a dar gracias: ¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás… (yo creo que como algunos sí que es; o, mejor, que algunos son como él). El publicano, sin embargo, condensa toda su oración en una súplica en favor de su propia persona: ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador.

   A primera vista, parece más elevada la oración de acción de gracias que la oración de petición. Y, aún dentro de la oración de petición, parece más elevada la que uno hace en favor de los demás que aquélla en la que pide por sí mismo.

   Sin embargo, no es lo más importante hacer la oración más elevada o perfecta. Lo más importante es hacer la oración que a uno le corresponde, la que le sitúa a uno en su lugar. He ahí la virtud del publicano, y el irreverente ridículo del fariseo. Los pecadores no tenemos más remedio que suplicar llorando el perdón. La «mística de vía rápida» no es mística, sino idiocia.

(TC03S)