Liber Gomorrhianus

26 Febrero, 2016 – Espiritualidad digital

Cómo tratar con los pecados ajenos

pecados   Cuando el profeta Natán ejemplificó ante David, en forma de parábola, el delito que el rey había cometido contra Urías, David se enfureció y pidió la muerte del culpable, sin saber que el culpable era él. Natán le dijo: Ese hombre eres tú (2S 12,12), y David enrojeció de vergüenza. No obstante, no murió.

   Cuando Jesús ejemplifica ante los sumos sacerdotes y ancianos la crueldad con que éstos le llevarán a la muerte, aquellos hombres se enfurecen ante la parábola: Hará morir de mala muerte a esos malvados. No se daban cuenta de que esos malvados eran ellos. Cuando, al recapacitar, comprendieron que hablaba de ellos, su severidad cambió de signo y se volvió contra el Señor: Buscaban echarle mano. David, al menos, fue más honrado e hizo penitencia.

   ¡Qué «justos» somos ante los pecados ajenos! Pero si esa justicia la aplicase Dios con los nuestros, nos rebelaríamos contra Él igual que hicieron los demonios.

   Recuérdalo cada vez que adviertas un pecado en tu hermano. Y piensa bien, antes de juzgar, si no es tu hermano la parábola con que Dios denuncia tus traiciones. No te apresures a juzgar, no vaya a ser que tu juicio se vuelva contra ti.

(TC02V)