Evangelio 2018

25 febrero, 2016 – Espiritualidad digital

Necesitamos esa sangre

seno de Abrahán   Siempre me ha llamado la atención, en la parábola del pobre Lázaro y el hombre rico (lo de «Epulón» es nombre prestado), una tristeza llena de esperanza. Aún cuando el rico es condenado y el pobre es considerado digno de consuelo, ninguno de los dos se salva.

   Se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de tormentos… No olvidemos que el seno de Abrahán no era el Paraíso. Era un infierno sin tormentos, un estado en que el alma del justo esperaba la llegada del Mesías para ser redimido. Cuando Él llegase, las puertas del Cielo se abrirían, y Abrahán y los suyos podrían finalmente recibir su recompensa. Por eso fue preciso que el Señor descendiera a los infiernos el Sábado Santo. Leed la «Homilía del grande y santo sábado», escrita en el s. II, que se encuentra en el Oficio de Lecturas del Sábado Santo.

   Cristo entregará su vida para limpiar nuestras culpas, pero también para dar a nuestras buenas obras valor de Cielo. Sin esa sangre preciosa derramada en la Cruz, nada vale la pena. Necesitamos esa sangre.

(TC02J)