Liber Gomorrhianus

15 febrero, 2016 – Espiritualidad digital

Obras de misericordia

misericordia   Dejando a un lado las etimologías, tan del gusto de los eruditos, y yendo al grano, podríamos decir que la misericordia consiste, sencillamente, en amar al miserable, y, muy especialmente, en hacerlo cuando sus miserias están a la vista. Yo no necesito misericordia para amar a la Santísima Trinidad. Pero Dios sí ha usado de misericordia –y mucha– para amarme a mí. Porque los miserables pedimos a gritos ser amados con un amor como bálsamo, capaz de sanar heridas y limpiar impurezas. Entre los hombres, la miserias suscitan repugnancia, y el amor no brota solo. Es preciso un corazón misericordioso, que supere la repugnancia inicial, y se derrita en ternura hacia el necesitado.

   Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fu forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis… Es más fácil amar a quien come y te invita a comer que amar a quien pasa hambre y te pide comida. Pero no debo olvidar que Dios me amó siendo yo enfermo y mientras estaba cubierto de pecado. Él me abrazó y me sanó. Ahora, cuando mire alrededor y vea a mis semejantes envueltos en miserias… ¿Seré capaz de negarles ese amor?

(TC01L)