Liber Gomorrhianus

13 Febrero, 2016 – Espiritualidad digital

No es difícil convertirse. Lo difícil es perseverar

convertirse   He recordado, leyendo el evangelio de hoy, la magistral película «Becket» (Peter Glenville, 1964). Cuando el frívolo Thomas Becket es nombrado arzobispo, decide entregar todos sus bienes a los pobres. Y, mientras se despoja de sus pertenencias y las pone en manos de los más necesitados, afirma: «Nunca sospeché que esto pudiese ser tan fácil». Me lo ha recordado Leví: Dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Ofreció en su honor un gran banquete en su casa. Ese primer momento de la conversión es siempre dulce. Más que realizar un acto de virtud, sientes que te están tobando y tú te estás dejando robar.

   No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. La conversión sólo es difícil cuando no se produce, cuando el miedo a decir «sí» a Cristo paraliza al hombre. Pero si no tienes miedo, si dices «sí» y entregas lo que Dios te pide sin reservarte nada, te sorprenderás de lo fácil que es.

   No te mentiré: lo difícil viene luego. El mismo Mateo que celebró su conversión con un banquete huyó ante la Cruz. Lo difícil no es convertirse. Lo difícil es perseverar. Requiere oración y sacrificio constantes.

(TC0S)