Evangelio 2018

9 febrero, 2016 – Espiritualidad digital

Olor a cera

cera   Como sacerdote, mi lugar es el templo. Nada más decepcionante que andar buscando al sacerdote por toda la iglesia y sus alrededores (bares incluidos), con la urgencia de recibir una absolución o de que un enfermo de la familia reciba la unción santa. Eso no debe suceder. El sacerdote es parte importante del mobiliario sacro.

   Sin embargo, vosotros… Me sorprende ver cómo algunos seglares parecen deleitarse entre las paredes de las parroquias. Pasan horas y horas allí, organizan reuniones interminables, se inscriben en cualquier grupo con tal de aspirar el aroma de esos muros, y acaban clericalizados y perfumados de cera. Dejadme deciros que eso es una deformación.

   Si uno le dice a su padre o a su madre: «los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre. Y si uno le dice a los pecadores y ateos: «el tiempo que podría pasar contigo lo voy a pasar en la parroquia»… ¿Quién anunciará el evangelio?

   No me entendáis mal: claro que hay que acudir al templo. Pero siempre con el tiempo justo, porque vuestro templo está en la calle. El olor a cera dejádselo al sacerdote.

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