Evangelio 2018

8 febrero, 2016 – Espiritualidad digital

Tocar y ser sanado

tocar   He imaginado aquellas plazas… En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto. Como concentración pública, es lo menos parecido a un concierto de rock o a un mitin político. Hay que acudir a Lourdes para ver concentraciones así.

   Llegaba Jesús, y encontraba, como comité de bienvenida, aquella muchedumbre enferma. Sus ojos, que siempre iban más allá, veían almas, almas moribundas a causa del pecado, por el que los hombres nos apartamos de Dios, fuente de la Vida.

   Y los que lo tocaban se ponían sanos. Si el pecado es la causa de la muerte, la vida reaparece cuando el hombre vuelve a Dios y lo toca. Es preciso tocar a Cristo para ser salvados. Y no me refiero ahora al cuerpo, el cual resulta más honrado cuando toca las llagas del crucifijo que cuando toca el manto del predicador. Me refiero al alma, a la vida eterna. Y a que Jesús ha querido quedarse cerca, en la Eucaristía, para que el hombre pueda unir su cuerpo al de su Salvador, como el sarmiento que vuelve a injertarse en la vid.

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