Liber Gomorrhianus

3 Febrero, 2016 – Espiritualidad digital

La escalera rota

escalera   Dios se hizo hombre como nosotros, para que nosotros fuésemos divinizados como Él. La Santísima Humanidad de Cristo se tendió en la Tierra a modo de escalera, para que el hombre pudiese alcanzar el Cielo. Como Simeón, abrazados a la condición humana del Salvador, alcanzamos, movidos por la fe, su divinidad. Claro que, para ello, es preciso que el hombre reconozca que necesita ser salvado. ¿De qué sirve que tiendan una escalera a tus pies, si crees que ya estás en la cima porque te sueñas dios?

   ¿De dónde saca todo eso?… ¿No es éste el carpintero? Ante el soberbio, la Humanidad de Cristo, en lugar de escalera, se vuelve obstáculo para reconocer su divinidad. Algunos, sesudos ellos, no querrán ver en Jesús sino a un hombre igual a ellos, porque no conciben que pueda existir nadie por encima de sus cabezas. Se plantan ante Él y lo tratan de tú, que no de Tú.

   Luego se ríen de quienes lo adoramos. Nos arrodillamos –dicen– ante un trozo de pan.

   Dios tendió ante ellos, la escalera… y arrancaron de una patada el primer peldaño para hacerlo morir con ellos. Y, ni aún así, ascendieron, por su muerte, a la Vida.

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