Liber Gomorrhianus

2 Febrero, 2016 – Espiritualidad digital

… Y apenas nadie se dio cuenta

templo   Grandes portentos sucedieron aquel día de los que muy pocos se apercibieron.

   Desde que Moisés plantara en el desierto la tienda de Yahweh hasta la construcción del templo de Herodes, pasando por el templo de Salomón, Dios sólo en figura había morado entre los hombres. El arca, el bastón de Aarón, el maná… no eran sino símbolos de la presencia divina ante los que el Pueblo de Dios se prosternaba. Y, aquel día, cuarenta después del nacimiento de Jesús, Dios vivo y encarnado hizo su entrada en el Templo por vez primera sin que nadie, salvo cuatro personas, lo advirtiesen.

   Los sacerdotes de la antigua Alianza ofrecían sin cesar sacrificios que no podían expiar las culpas de los hombres. Y aquel día, por vez primera, uno de esos sacerdotes tuvo en sus brazos la Víctima perfecta, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, la misma Víctima que yo tengo entre mis dedos cada día. Aquel sacerdote no fue consciente de estar celebrando la Eucaristía.

   Por último, aquel día se anunció la Pasión que limpiaría las culpas de los hombres: Y a ti, una espada te traspasará el alma. La primera oración a la Virgen de los Dolores.

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