Liber Gomorrhianus

1 Febrero, 2016 – Espiritualidad digital

El extraño placer de la muerte

muerte   Se ha llamado a los demonios «espíritus encadenados». Al negarse a vivir como hijos de Dios, y apartarse del Amor que los abría a la eterna bienaventuranza, se han precipitado en el no–Dios, esto es, en la mentira, el caos y la muerte, que se han cerrado en torno a ellos como la peor de las cadenas. En su caída, los demonios intentan agarrarse a las criaturas, pero acaban arrastrándolas con ellos a la perdición.

   Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Cuando el hombre, al cometer pecado, pacta con los demonios, se despeña con ellos en la muerte. Hay un placer en el pecado; sin ese placer, nadie pecaría. Pero es el placer del vértigo, el de quien se deja llevar a toda velocidad hacia abajo. La muerte tiene su propio reclamo publicitario. Pero calla en su eterna mentira que, después de ese placer vertiginoso, te espera el duro golpe contra el suelo. Que se lo pregunten al Hijo Pródigo.

   El Amor de Dios libera al hombre y lo abre a la Vida. El pecado lo destruye y lo sepulta en la muerte. No hay más.

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