Liber Gomorrhianus

26 Enero, 2016 – Espiritualidad digital

La mies se pierde. ¿Dónde están los obreros?

mies   La mies, efectivamente, es abundante. ¡Cuántas almas! ¡Cuántos hombres y mujeres esperando que alguien les hable de Dios!

   Muy cerca de nosotros hay personas que sufren en silencio. Sus vidas se han roto, su pareja les ha abandonado, su padre o su madre han muerto o están enfermos, han perdido el trabajo y se desesperan, han contraído una enfermedad incurable, o, simplemente, no soportan el vacío de sus vidas… Nunca oyeron hablar de Cristo, o, si alguna vez rezaron, ya no recuerdan cómo se hacía. Bastaría que un corazón compasivo se acercase y les hablase con cariño de Dios, o les indicase el camino al confesonario para que encontrasen el descanso que tanto anhelan y sus almas se llenasen de luz.

   Y, sin embargo, los obreros son pocos. Porque, con el mismo celo con que ellos ocultan su dolor, un cristiano que vive junto a ellos oculta su fe. No quiere –dice– imponer a nadie sus creencias ni ofender sensibilidades, y, por eso, jamás habla de Cristo. Y, aunque reza por las noches y asiste a misa los domingos, no parece importarle que su vecino se desangre entre dolores.

   Es urgente que recordemos que nuestra fe es para los demás.

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“Evangelio