Liber Gomorrhianus

25 Enero, 2016 – Espiritualidad digital

La conversión de los hombres libres

conversion   ¡Cuántas oraciones por la conversión de los pecadores! Muchas de ellas imploran la vuelta de todos los corazones alejados, y ofrecen penitencias día y noche. Otras, como saetas dirigidas a un blanco, piden con lágrimas la conversión de personas queridas: hijos, nietos, amigos, padres… ¿Podrá Dios no escuchar semejantes plegarias?

   Imposible.

   Y, con todo, no basta el infinito poder de Dios para obtener la conversión de un pecador. Así lo quiso Él, cuando creó libre al hombre. Dios sale al encuentro de la oveja perdida y le tiende sus brazos. Enciende luces ante sus ojos e ilumina su camino hacia la gracia. Pero el pecador debe abrazar a Cristo y poner sus pies en el camino.

   El que se resista a creer, será condenado. Ante la luz del Cielo, Pablo cambió su vida. La cambiaron Agustín, y Francisco, y Edith Stein. Pero los tres están de acuerdo en una cosa: pudieron resistirse. Dios no impone a nadie la salvación, que es misterio de amor.

   Con todo, cuando rezo por los pecadores, confío en Dios. Él sabe cómo y cuándo salir al encuentro del hombre; conoce la hora de cada alma. Por eso sigo pidiendo, y sé que no quedaré defraudado.

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“Evangelio