Evangelio 2018

21 enero, 2016 – Espiritualidad digital

La muchedumbre y la muerte

muchedumbre   Para un Pastor que llama a cada oveja por su nombre las muchedumbres son siempre sospechosas. Cualquiera que ame al Señor sabe cómo resplandece ese amor en la intimidad, en el secreto de la oración y en el cuerpo a cuerpo de la Eucaristía. De allí brota, abundante, hacia los hermanos, pero esos hermanos son rostros, ojos y nombres concretos, nunca muchedumbres. La muchedumbre mata a la persona y la disuelve como a un terrón de azúcar en el magma del anonimato. Acto seguido, la muchedumbre se alimenta de cosas. Las personas no le interesan lo más mínimo.

   Lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente… ¿Lo ves? En cuanto se junta la muchedumbre, aparecen las cosas y desaparecen las personas. Seguían a Jesús, pero no les importaba Jesús; les importaban las cosas que hacía. Y cuando, en el Pretorio de Pilato, les sea mostrado un Jesús herido de muerte, incapaz ya de hacer cosas y abocado al silencio, esa misma muchedumbre pedirá su crucifixión.

   Por eso, quienes buscan a Jesús más que a las cosas que Jesús les pueda dar encuentran gozo en la soledad del Calvario. Allí nadie los molesta.

(TOP02J)

“Evangelio