Liber Gomorrhianus

17 Enero, 2016 – Espiritualidad digital

Las miradas en las bodas de Caná

Bodas de Caná   Leer el pasaje de las Bodas de Caná y ceñirse estrictamente a lo escrito es una insensatez. Las palabras desnudas dan como resultado un rompecabezas imposible de recomponer. –No les queda vino. –Mujer, déjame. –Haced lo que él diga… No tiene sentido. Algo falta en la narración. Y ese algo son las miradas.

   No les queda vino. Jesús sonríe: muchas veces había hablado a su Madre del vino nuevo que Él traería. Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. «El vino» –le había dicho– se derramaría cuando llegase «la hora». Por eso, ante la respuesta de su Hijo, María sonríe; ha captado el doble sentido de aquellas palabras. Mira entonces a Jesús risueña, fuerza un poco el gesto, pone cara de Madre, y con los ojos le increpa: «¡Ya te daré yo a Ti tu hora cuando lleguemos a casa! ¡Déjate ahora de intimidades, que mi amiga está sudando porque tiene que dar de beber a esta gente! ¡Venga, en marcha!». Jesús, Hijo obediente, se cuadra, sonriendo, en primer tiempo de saludo. Y, con los mismos ojos imperativos y amorosos, mira la Madre a los sirvientes: Haced lo que él diga. «¡A sus órdenes, Reina del Cielo!»

   ¡Ahora encaja!

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“Evangelio