Liber Gomorrhianus

11 Enero, 2016 – Espiritualidad digital

No me mires a mí

santos   Ayer lo veíamos sumergiendo en aguas de penitencia al mismo Hijo de Dios, y hoy ya no está. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea. ¡Bendito Juan!

   El fue la voz que anunciaba al Verbo, y mil veces dijo de sí mismo que no era. Como el dedo que señala al horizonte, jamás quiso que lo mirasen a él. Cuando, al fin, apareció el Salvador, se apagó la voz, y el dedo se retiró porque ya no era preciso señalarlo.

   Es común a todos los santos ese amor a lo escondido. En esto se distinguen de los falsos mesías que se sirven de Cristo para anunciarse a sí mismos, y de las «vedettes» con vocación de «prima donna» que aprovechan el evangelio para mostrar sus encantos.

   En ocasiones, los santos han tenido que mostrarse, porque así lo quería Dios. Pero lo han hecho siempre con gran repugnancia, como violentando su naturaleza. Y, en cuanto Dios se lo ha permitido, han corrido de nuevo a recogerse lejos de las miradas de los hombres.

   Ojalá seas muy resbaladizo. Que todo el que te mire a ti acabe son sus ojos en Cristo. Y, si después se olvidan de ti, mejor.

(TOP01L)

“Evangelio