“Evangelio

29 Diciembre, 2015 – Espiritualidad digital

Simeón

Simeón   Simeón es un personaje conmovedor. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías. Y había esperado en el Templo años y años a que el oráculo se cumpliese.

   Muy anciano era cuando, un día, vio entrar en el Templo a María, José y el Niño Jesús. Se acercó a la Virgen, y la propia Madre, dulcemente impulsada por el Espíritu, depositó al Hijo en los brazos temblorosos del anciano.

   Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Su vida está cumplida, ahora que ha abrazado al Amor para quien hemos sido creados. Y me pregunto yo por qué no subimos al Cielo, como la beata Imelda, después de comulgar. ¿Acaso podemos esperar algo más de la vida? Supongo que la respuesta es «almas» y «expiación». Pero duele.

   Porque mis ojos han visto a su Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos. ¿Qué pueblos, Simeón, si al Niño lo tienes tú en brazos? Y, sin embargo, todos los pueblos, dos mil años después, se fijan en ti mientras lo abrazas. Eres candelabro de la luz de Dios.

   Pídele a Él que lo seamos también nosotros.

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