Evangelio 2018

21 diciembre, 2015 – Espiritualidad digital

Eucarísticas entrañas

Hostia   En estos días previos a la Navidad, a menudo busco imágenes de la Virgen encinta. Pienso entonces en Isabel; en lo que ella, iluminada por el Espíritu Santo, vio en la joven pariente que la visitaba.

   ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

   Oculto tras ese vientre se encontraba el Salvador. Hacía falta una mirada de fe para atisbarlo, e Isabel recibió esos ojos que ven en medio de la noche. Oculto se encuentra, como lo estaba tras las entrañas purísimas de María, tras los accidentes del pan y del vino en la Eucaristía. Oculto está en nuestros sagrarios. Oculto –¡más aún!– en nuestras almas en gracia. Oculto siempre, pero vivo, muy vivo y muy alegre.

   La Eucaristía es como el vientre de la Virgen. Y también lo son nuestros sagrarios. Y nosotros, como Ella, llevamos a Cristo en nuestra entraña. ¡Dichosos también nosotros!

   ¡Qué días tan preciosos! Vemos sin ver, pero ya nos alegramos. En muy poco tiempo, el vientre de María dará a luz al Verbo divino, y será contemplado por los hombres. También muy pronto, ese Dios escondido en la Hostia y en el alma nos dejará ver su rostro. ¡Bendita esperanza!

(2112)

“Evangelio