Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

19 Diciembre, 2015 – Espiritualidad digital

De la muerte nació vida; y, de la maldición, bendición

zacarias   En la tradición hebrea, anclada en la Escritura, la bendición de la mujer revestía la forma de fertilidad. Por el mismo motivo, la esterilidad era considerada como maldición. Una mujer sin hijos, en el antiguo Israel, era mirada con recelo por sus contemporáneos.

   No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada… Días después, concibió Isabel, su mujer.

   Quiso Dios que tanto el Mesías con su precursor, Juan, naciesen de mujeres destinadas a la esterilidad: por virgen una, y por estéril la otra. Es decir, en ambos casos, tanto María como Isabel habrían sido tenidas por malditas entre las mujeres (y la expresión, como comprenderá el lector, es intencionada). Con ello presagió un misterio mayor: el propio Cristo sería sometido a la maldición del Madero, y de esa maldición nos vendría la bendición a los pecadores.

   Hace dos días contemplábamos el árbol genealógico del Salvador. Y hoy, dos días después, el mismo designio de la Providencia resuena en la liturgia: de la maldición saldrá bendición, de la estéril saldrán hijos, de la muerte saldrá vida.

   Y de un establo maloliente saldrá el Salvador del género humano.

   ¡Estamos de enhorabuena quienes nos vemos cubiertos de pecado!

(1912)

“Evangelio