Liber Gomorrhianus

13 Diciembre, 2015 – Espiritualidad digital

Y ahora, ¿qué hago?

sacerdote   En ocasiones he sentido envidia del auditorio del Bautista. Bueno, no de todo el auditorio; excluyo a Herodes, porque un oyente así acaba con tu auditorio y con tu cabeza en dos semanas. Pero, en cuanto a los demás… Al menos preguntaban con nerviosismo: ¿Entonces, qué hacemos?… Maestro, ¿qué hacemos nosotros?… ¿Qué hacemos nosotros? Los pobres estaban deseando hacer algo. Su disposición era inmejorable.

   A los sacerdotes se nos acerca la gente a contarnos cómo se siente, y a relatarnos lo que han hecho. Pero pocos preguntan ¿Qué hacemos? Algunos tienen miedo de escucharlo, otros lo tienen clarísimo y no necesitan que se lo digas, y a otros ni siquiera se les ha pasado por la cabeza la posibilidad de obedecer.

   No reniego –¡ni mucho menos!– de las almas que acuden a nosotros. Yo mismo tendría que preguntarme por mis disposiciones cuando voy a confesar. Acudir al sacerdote para mostrar tus pecados y obtener el Perdón es algo maravilloso. Acudir al sacerdote para desahogar los dolores de la vida es más que aconsejable. Y acudir al sacerdote para abrir el alma y ser escuchado es necesario. Pero si, además, preguntas, escuchas, y después obedeces… Estarás preparando el camino al Señor.

(TAC03)

“Evangelio