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8 Diciembre, 2015 – Espiritualidad digital

La guapísima

guapísima   No son ríos, sino mares de tinta los que, a lo largo de la Historia de la Iglesia, se han escrito sobre la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen. Con permiso de todos los teólogos del mundo, lo explicaré de la forma más sencilla: la Inmaculada Concepción significa que la Virgen, mi Madre, es muy guapa. La más guapa.

   Mientras la tradición griega habla de la pan–agios o «toda santa», la tradición latina invoca a la Virgen como la «tota pulchra», lo cual puede traducirse como la «purísima», pero también como la «guapísima». Yo me quedo con esta advocación, porque la puede entender hasta un niño. Y creo que Bernardita Soubirous me dará la razón.

   Y es que la gente buena tiene cara de buena, y la gente mala tiene cara de mala o dos kilos de ungüento encima. Y la mujer que jamás se desposó con el pecado, al ser la «buenísima» es también la «guapísima».

   ¿O que pensáis que quería decir el ángel cuando exclamó: Has hallado gracia a los ojos de Dios? Os lo diré en otras palabras: «¡Eres tan guapa, María, que el propio Dios te ha mirado y ha caído redondo a tus pies!».

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