Liber Gomorrhianus

7 Noviembre, 2015 – Espiritualidad digital

El gran pecado

gran pecado   Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine. Así quedaré libre e inocente del gran pecado (Sal 18). Mira que hay pecados en el catálogo. Pero el salmo 18, de entre todas las formas posibles de pecar, destaca una y la distingue con el dudoso honor de llamarla el gran pecado. Y no elige el asesinato, ni la rapiña, ni la lujuria, ni la mentira. El premio al gran pecado va a parar a la arrogancia. ¿Por qué?

   Como retomando las palabras de aquel salmo, hoy el Señor ratifica en su oropel al galardonado: La arrogancia con los hombres Dios la detesta.

   Y es que todo pecado tiene su origen en una arrogancia: Seréis como dioses (Gn 3, 5). Al pecar, el hombre se cree superior a los demás, a la Creación misma y al propio Dios. Se tiene a sí mismo por dueño de todo, y decide sobre sí y sobre su prójimo. Todo pecado requiere que el pecador se sitúe en el centro de la Creación.

   Sé humilde, y no pecarás. Guárdate del gran pecado, y amarás a Dios y al prójimo, serás casto, serás sincero y obediente. Cuando seas humilde, entonces serás santo.

(TOI31S)

“Evangelio