Liber Gomorrhianus

1 Noviembre, 2015 – Espiritualidad digital

La autopista equivocada y la senda estrecha

autopista   Nos hacen falta señales de tráfico. Desde hace siglos, la gente se equivoca de carretera. Piensan que la santidad se encuentra a doscientos kilómetros de la bondad, y a setenta y cinco kilómetros de la excelencia. Es decir: enfilas la autopista, y primero llegas a ser buena persona. Si no quieres quedarte allí, te esfuerzas un poco más y llegas a ser una persona excelente. Y, si no te basta, echas el resto, agotas el depósito y llegas a santo. ¡Menudo chasco para los audaces! Por esa autopista no se llega. Y, para escándalo de muchos, el primero que llegó a santo no había pasado ni por «bueno»: era un ladrón.

   Bienaventurados los pobres en el Espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

   Un santo es, sencillamente, un enamorado de Cristo, que tanto ha quedado prendado de Él que de todo se ha desprendido para hacer sitio a más Cristo. Vive del Espíritu, porque Cristo habita en él. Y, si es bueno, no lo es sólo por su esfuerzo, sino porque Cristo le hace bueno. No hay autopistas para llegar allí; tan sólo un camino muy estrecho que lleva a la Cruz. Y es Cristo quien conduce.

(0111)

“Evangelio