Liber Gomorrhianus

Noviembre 2015 – Espiritualidad digital

Un dulcísimo tifón

tifón   Ante el paso de Jesús, no todas las almas reaccionan igual. Algunos, como Andrés, Simón, Santiago y Juan, son arrollados como por un dulcísimo tifón: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. He unido, de propósito, la palabra «dulcísimo» a la palabra «tifón» porque, en primer lugar, no encuentro otra forma de armonizar esos contrarios que en Cristo se vuelven sinónimos. Y, en segundo lugar, porque no hay violencia alguna en ese seguimiento. Quienes siguen a Jesús lo hacen libremente, y, en ocasiones, con gran vencimiento de sí mismos. Cristo no roba almas; las conquista.

   También pasó al lado de Anás, y recibió una bofetada como peaje. Y al lado de Herodes, y recibió burlas. Y al lado de muchos, mientras cargaba con la Cruz hacia el Calvario, y recibió insultos. Y al lado del joven rico, y recibió mezquindad.

   Ha pasado también por tu vida. Y por la mía. Cada cual responda ante sí mismo sobre qué ha recibido Jesús.

   Te diré lo único que no recibió Jesús mientras pasaba entre los hombres: indiferencia. A nadie dejó frío.

   Tú debes ser otro Cristo. Ojalá nadie quede indiferente a tu paso.

(3011)

“Evangelio

Si hay que volar, se vuela

volar   Muchos se piensan que son metáforas, y san Pablo y yo creemos que es la verdad cruda, tan preciosa que no necesita aderezos: Verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

   Ya digo que no estoy solo en esto. Pablo dice que nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires (1Ts 4, 17). De modo que, por si fuera poco, volaremos. ¿Por qué no? ¿Acaso nunca has soñado que vuelas? Es la pesadez de tu cuerpo la que te impide hacerlo. Pero el cuerpo glorioso, liberado ya de las ataduras de la física, volará con la misma facilidad con que ahora bosteza. Si el Señor viene en los aires, a los aires saldremos a su encuentro. Si se acerca en una nube, sobre nubes saldremos para recibirlo.

   ¡No tardes, Señor! Mira que es mucho lo que llevamos esperando. Y no es que queramos volar; no nos hace ninguna falta. ¡Queremos verte! ¡Oh, Jesús! ¿Hasta cuándo nos ocultarás tu rostro? ¿No ves que nuestros ojos, abrasados de hambre, no saben ya donde posarse si no encuentran tu divina faz?

   ¡Ven, Señor Jesús!

(TAC01)

“Evangelio

Con o sin café

cafe   No es cuestión de café. Además, me dijeron hace poco que el café te quita el sueño durante cuarenta minutos y te lo devuelve después. Pero, aunque eso no fuese verdad, aunque pudiera un hombre permanecer despierto durante días enteros consumiendo el café de toda una plantación, tarde o temprano se volvería a dormir. Y, entonces… ¡Zas! Se le viene encima el «dies irae» sin enterarse.

   Estad siempre despiertos. El problema es que, aún tomando café, estamos dormidos. Y soñamos. Y, mientras soñamos, vivimos un mundo de mentira. El pecado es mentira, la fascinación de las criaturas es mentira, los agobios son mentira, el fútbol es mentira, ¡la muerte es mentira! Y los hombres duermen, y sueñan, con o sin cafeína en las venas.

   Sólo Cristo es Verdad. Y, por eso, la oración es verdad, la misa es verdad, la presencia de Dios es verdad, la esperanza es verdad, la caridad es verdad, la Virgen es verdad…

   Estar siempre despiertos es tener el corazón y el pensamiento engolfados en Dios día y noche; hacerlo todo pensando en Él, ofrecerlo todo a Él… Y vivir siempre en gracia de Dios, encendida en Amor la lámpara del alma. Con o sin café.

(TOI34S)

“Evangelio

El mundo se desmorona, y nosotros nos enamoramos

casablanca   Los signos que nos ha anunciado Jesús como preludio de su llegada son guerras, revoluciones, persecuciones y muertes, reinos contra reinos, hijos contra padres y padres contra hijos.

   Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Todas estas cosas están sucediendo hoy. Basta con encender el televisor para tener servido el Apocalipsis en tiempo real. Y, sin embargo…

   … No nos creamos únicos. Desde que Jesús se marchó, estas cosas no han dejado de suceder. Antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. Lo vieron los apóstoles y sus discípulos, a quienes les tocó presenciar la destrucción de Jerusalén. Lo vieron los primeros cristianos, quienes sufrieron terribles martirios. Lo vieron quienes cayeron víctimas de los bárbaros, y quienes murieron en la Guerra de los Treinta Años. Lo vio Edith Stein en la Segunda Guerra Mundial…

   Sabed que está cerca el reino de Dios. Se lo dijo Humprey Bogart a Ingrid Bergman en «Casablanca»: «El mundo se desmorona, y nosotros nos enamoramos».

   No tengo ni idea de si el Señor volverá esta tarde. Pero, cuando los telediarios gritan que el mal está cerca, Jesús susurra al alma del cristiano que más cerca está Él.

(TOI34V)

“Evangelio

La nube

nube   Anda el tiempo muy nublado últimamente. Y lo cierto es que apetece ver el Sol. Cada día oramos para que se abran, al fin, los cielos, y muestren el secreto que las nubes han guardado. No quisiéramos acostumbrarnos a esta oscuridad.

   Bastó una nube. Sólo una. El bueno de fray Luis de León la llamó, «envidiosa», «presurosa» y «rica». Todo con razón. Porque, hace unos dos mil años, esa nube ocultó al Señor mientras ascendía a lo más alto del Cielo. Y, desde entonces, el Sol no ha vuelto a salir. No hemos vuelto a verlo.

   En ocasiones me pregunto si aquella nube estaba realmente en el Cielo, o si soy yo quien tengo cataratas. Puede que las dos cosas sean verdad. Pero, en todo caso, un día saldrá de nuevo el Sol, y lo hará con tal fuerza, que hasta las nubes de nuestros ojos se derretirán como la cera ante el fuego.

   Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Mejor, fray Luis, no nos ensañamos en exceso con la nube, porque ella, que nos lo ocultó, le servirá de trono en aquel día.

   ¿Conocéis el nombre de esa nube? Fe.

(TOI34J)

“Evangelio

¡Qué misterioso reinado!

reinado    El pasado domingo aclamábamos a Cristo como Rey, mientras le oíamos decir: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad (Jn 18, 37). Hoy, tres días después, es el propio Cristo quien nos dice: Os echarán mano, os perseguirán… Así tendréis ocasión de dar testimonio. Y eso significa reinar con Él.

   ¡Qué misterioso reinado! El trono es una Cruz, la corona es de espinas, la púrpura regia es sangre, y los honores, bofetadas y salivazos. Sin embargo… ¿Dónde está ahora Pilato? ¿Dónde Caifás? ¿Dónde Herodes? ¿Dónde Julio César? ¿Dónde Napoleón? ¿Dónde están Hitler o Stalin? Los reinados de este mundo y sus imperios pasan, mientras la Cruz sigue en pie. Y, cuanto más pretenden humillarla, cuanto más intentan acabar con Ella, con mayor majestad se alza sobre todos.

   No debemos rebelarnos nunca contra quienes nos odian; eso supondría cambiar de bando para unirnos al enemigo. Más bien, debemos recordar que a los cristianos nos está reservado el lugar de los reyes. Y que ese lugar, en este mundo, es la Cruz. Ahí está la única Verdad que no pasa. Y de ella debemos ser testigos ante los hombres.

(TOI34X)

“Evangelio

No tengáis pánico

icono   ¡Cómo resuenan, en días como éstos, las palabras de Jesús: Cuando oigáis hablar de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico! Porque suenan gritos de guerra desde Francia, y antes sonaron desde Siria, y desde Libia, y desde Irak, y desde Afganistán, y desde Estados Unidos. Luego están los del «¡No a la guerra, tíos!». Y luego está Jesús.

   Jesús es el que dice no tengáis pánico. Dicho por un mindundi que trata de calmar a multitudes alocadas con su voz temblorosa, suena ridículo. Pero, dicho por Jesús, que es Rey de Cielos y Tierra, resulta verdaderamente tranquilizador. Al fin y al cabo, suyo es el reino, el poder y la gloria por siempre. Él tiene en sus manos las vidas de todos los hombres, y ni una hoja cae al suelo desde un árbol sin que Él lo sepa y lo consienta. Sobre todo, Él nos ama, y está a nuestro favor.

   Si parece que ganan los malos, si un oscuro manto de violencia y miedo parece cubrir la Tierra, sólo quiere decir que es Viernes. El final no vendrá en seguida. La Historia está ya escrita hasta el Domingo. Y esa Historia no hay kalasnikov que la cambie.

(TOI34M)

“Evangelio

La viuda pobre y la pobre viuda

viuda pobre   Serán –supongo– cosas de la traducción castellana de los textos bíblicos, pero no deja de ser curioso que san Lucas hable de una viuda pobre, y Jesús se refiera a ella como esa pobre viuda. Por extraño que parezca, el orden de los factores altera el producto.

   Porque una viuda pobre es una entre tantas. Es viuda, y es pobre. Punto. En tiempos de Jesús, gran parte de las viudas, si no había hijos que se hiciesen cargo de ellas, eran pobres. Nada, por tanto, de extraordinario.

   Sin embargo, esa pobre viuda, en labios nada menos que del Verbo Divino, significa que Dios en persona se ha apiadado de ella. La ha mirado, ha visto cómo echaba en el tesoro del Templo cuanto tenía, y ha dicho: ¡Pobre! Lo cual, dicho por Dios, es mucho decir. Inmediatamente, esa mujer ha pasado a formar parte de los predilectos del Creador. Es como la reina Ester.

   Había también unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas. De ellos dijo Jesús: Han echado de lo que les sobra. Y pensó: «¡Que se apañen ellos! ¡Tienen con qué!».

   Ahora te toca a ti: ¿Qué quieres que diga Jesús cuando te mire?

(TOI34L)

“Evangelio

Y ¿Tú eres rey?

rey   Supongo que Poncio Pilato, mientras se apartaba las legañas de una hora tan temprana, miraba asombrado al Reo…

   Conque, ¿tú eres rey?

   El hombre que tenía delante estaba encadenado, ojeroso, amoratado el rostro a golpes, silencioso y vencido. No había ejércitos luchando por las calles, ni una Corte reclamando un «habeas corpus». Ninguna declaración de guerra, ni nada que se le pareciese. Tan sólo un pobre hombre que no había dormido en toda la noche, y que había sido el blanco de las burlas de unos soldados borrachos.

   Conque, ¿tú eres rey?

   Por dentro, pensaba: «Yo sé lo que eres: un loco, un alucinado».

   Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad.

   «Los reyes –pensó Pilato– han venido al mundo para gobernar pueblos, no para ser testigos de nada. ¿Qué reino es ése? Además, ¿qué es la verdad?».

   La tienes delante, Pilato. Él es la verdad. Todos los demás reinos son mentira si no descansan en el suyo. Y cuando hayas muerto, y los reinos de este mundo hayan pasado, Él, el Testigo, seguirá en pie. Entonces gobernará junto a quienes hayan reinado como Él.

(XTOREYB)

“Evangelio

La Niña Madre

madre   ¿Qué es antes, en la Santísima Virgen: la maternidad biológica o la espiritual? Es decir, ¿fue María Madre de Dios antes de concebirlo en su seno?

   El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

   No sólo fue madre espiritual antes que biológica, sino que la maternidad biológica nunca se hubiese producido de no haber sido antes María madre espiritual de Dios.

   El Protoevangelio de Santiago (escrito apócrifo del s. IV) nos presenta a la pequeña María, con tres años de edad, subiendo sola las gradas del Templo y presentándose ante Dios con su voto de virginidad. El hecho no es necesariamente histórico; nada en ese libro lo es. Pero la Iglesia lo recibe y lo festeja porque una verdad profunda late tras esa escena: desde muy niña, María experimentó el Amor de Dios de una forma arrebatadora, y se dejó arrebatar. Su propósito de ser virgen, expresado ante el ángel, viene desde la infancia.

   Fue entonces, cuando María conoció esa voluntad amorosa de Dios, el momento en que decidió entregar su vida para que se cumpliese. Comenzó entonces (quizá aún en la niñez) a ser Madre de Dios.

(2111)

“Evangelio