Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

20 Octubre, 2015 – Espiritualidad digital

Invitado a tu propia boda

boda   Somos tan poca cosa –y tan amados por Dios– que no somos protagonistas ni de nuestra propia muerte. Incluso en momento tan crucial, seremos invitados. ¡Y bendito sea Dios por ello! Se nos invita a una boda que jamás hubiéramos merecido celebrar.

   Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

   La enseñanza está relacionada con la parábola de las diez vírgenes que nos trae el evangelio de san Mateo (Cf. Mt 25). Salía el Señor para desposarse, y, a la vuelta de la boda, tenía lugar en casa la celebración. Los criados que estuvieran esperando en vela, con sus lámparas encendidas, serían invitados al banquete.

   Cristo Jesús se ha desposado con la Humanidad, redimida en la Cruz, y consuma su boda en el Cielo. Un buen día, llama a las puertas de su casa –que es tu alma–, y, si te encuentra en vela, viviendo en gracia, te invita a tu propia boda, y tu alma se vuelve Cielo al entrar Él.

   Recuérdalo siempre: de no ser así, acabarías desposado con la propia muerte. Da gracias, porque has sido rescatado.

(TOI29M)

“Evangelio