Liber Gomorrhianus

3 Octubre, 2015 – Espiritualidad digital

Despreciar al despreciable

demonio   Dando por sentado que el Demonio existe, que actúa en el mundo, y que, en muchas ocasiones, organiza un ruido considerable, creo que le brindamos una victoria inmerecida cuando lo convertimos en protagonista o le otorgamos un papel relevante en la oración, en la predicación, en el apostolado o en la vida. El ángel caído no merece tanta atención. Al fin y al cabo, cuando engañó a Eva lo hizo así: tratando de llamar su atención. Por desgracia, lo logró.

   No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están escritos en el cielo. Siento cierto recelo hacia las personas que me hablan constantemente del Demonio. Parecen tener cierto gusto en todo lo relacionado con él: exorcismos, posesiones, ataques diabólicos… Tinieblas, al fin y al cabo. Casi dedican tanto tiempo a hablar del Demonio como el que dedican a hablar de Dios.

   No lo merece. La mejor victoria sobre Satanás consiste en ignorarlo. Sin ingenuidades, porque es preciso protegerse de él. Pero sin dedicarle honores de portada. Al único a quien debemos mirar de frente es a Cristo. Y la predicación debe ser, sobre todo, luminosa. Los hombres necesitan luz; tinieblas ya tienen, los pobres.

(TOI26S)